viernes, 4 de mayo de 2012

Cabeza de radio

Más en forma, más feliz.
Más productivo.
Cómodo.
No beber demasiado.
Ejercicio regular en el gimnasio (3 días a la semana).
Desenvolverse mejor con sus empleados
asociados actuales.
A gusto.
Comer bien (no más cenas de microondas ni grasas saturadas).
Un mejor conductor, más paciente.
Un coche más seguro (niño sonriente en el asiento trasero).
Dormir bien (sin malos sueños).
Sin paranoia.
Cuidadoso con todos los animales (nunca tirar arañas por el desagüe).
Mantenerse en contacto con viejos amigos (disfrutar de una copa de tanto en tanto).
Verificar con frecuencia el crédito en un banco (moral) (agujero en la pared).
Favor por favor.
Cariñoso pero no enamorado.
Órdenes permanentes de pago a la caridad.
Los domingos desviarse al supermercado.
(No matar las polillas o echarles agua hirviendo a las hormigas.)
Lavar el coche (también los domingos).
Dejar de temerle a la oscuridad.
O a las sombras de mediodía.
Nada tan ridículamente adolescente.
Ni desesperado.
Nada tan infantil.
Al mejor ritmo.
Más despacio y calculado.
Sin oportunidad de escape.
Ahora autoempleado.
Preocupado (pero impotente).
Un miembro de la socidedad.
Facultado e informado (pragmatismo, no idealismo).
No llorar en público.
Menos propicio a enfermarse.
Neumáticos que se agarren en suelo húmedo (foto del bebé asegurado en el asiento trasero).
Una buena memoria.
Aún llora con una buena película.
Aún besa con saliva.
No más ser vacío y frenético.
Como un gato.
Atado a un palo.
Que es llevado a un invierno muy frío (la habilidad de reír de la debilidad).
Calma.
Más en forma, sano y productivo.
Un cerdo.
En una jaula.
Con antibióticos.

domingo, 8 de abril de 2012

Sobre los motivos por los que se me condena

Después me dicen que tengo delirios de egomaníaco. Mucha gente me termina condenando por cosas que yo no tengo ni idea que hice o dije. Por algún motivo le he dado a algunas personas la falsa impresión de que cada acción de mi vida está dirigida a su bien(mal)estar; confunden acciones o palabras meramente personales y puramente egoístas con algún tipo de voluntad plenamente premeditada para hacerle mal o bien a alguien en particular.

La triste realidad es que la mayoría de las cosas que hago o digo, las hago (o digo, valga la redundancia) por cuestiones que pasan simplemente por placer propio, por simple voluntad individualista (Como lo hacen todos, pero que prefieren disfrazar su egoísmo con alguna banal y estúpida noción barata de pseudo-altruismo que solo les vale a si mismo, pero que les permite dormir tranquilos).

Yo realmente no puedo. No puedo apegarme a esas cosas que según otros son de "buena gente"; porque al final, cuando lo analisás con el más simple de los razonamientos te das cuenta de que no tienen nada que ver, que son trivialidades que adquirieron importancia solo por el hecho de la repetición, por la costumbre.

Entonces: No se tomen todo lo que hago o digo tan personal. En términos un tanto más soberbios: No piensen que me importan tanto, no crean que dedico tanto tiempo a pensar de que manera puedo hacerles mal, realmente no me interesa lo suficiente como para dedicarle tiempo alguno (Además, en la mayoría de los casos realmente no tengo nada en su contra). Lo único que desatan al condenar mis acciones como deliberadamente destinadas a su mal es ponerme de mal humor, y ahí probablemente ya comience a ser más agresivo.

Créanme, si les quisiera hacer mal se darían cuenta (Para empezar porque tendría un motivo concreto y que dejaría explícito antes de tomar cualquier medida al respecto)

sábado, 17 de marzo de 2012

Somos lo que seremos, o algo así

"-Pero si está tan bien. ¿Para qué nos vamos a engañar? No se puede vivir cerca de un titiritero de sombras, de un domador de polillas. No se puede aceptar a un tipo que pasa el día dibujando con los anillos tornasolados que hace el petróleo en el agua del Sena. Yo, con mis candados y mis llaves de aire, yo, que escribo con humo. Te ahorro la réplica porque la veo venir: No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo, en las palabras o en el amor o en la amistad. Ya va siendo tiempo de que me dejen solo, solito y solo. Admitirás que no me ando colgando de los levitones. Rajá, hijo de Bosnia. La próxima vez que me encontrés en la calle no me conozcas."
J.C.

Soy el insomnio de Agus que lo lleva a escribir cosas que suenan profundas, pero en el fondo se reducen al más simple y reflexivo de los pensamientos. En lo solitario y oscuro de una noche de Marzo, que anuncia un despertar tardío y desinteresado que conllevará como fin el solo volver a acostarse ante la falta de algo mejor que hacer.
Soy el despreciado nombre completo de Agustín, que prefiere que lo llamen Agus por motivos inherentes a la naturaleza del discurso cotidiano que casi siempre indica, al usar el nombre completo precisamente, que suelo estar en algún problema importante. Sin mencionar la falta de dulzura y ese toque amistoso, familiar incluso, que tienen los diminutivos (y mejor ni hablar de los apodos).
Soy todos los apodos que alguna vez le pusieron a Agus; soy legión, porque somos muchos. Bah, no realmente. Pero entre los que somos nos entendemos, es fácil ¿Saben? Por lo general solíamos expresar lo mismo, algunos un poco más desdeñosos que otros pero al fin y al cabo, evadían el enojo que conlleva el nombre completo, por lo tanto nos solemos entender. Cada tanto hablamos del pasado, de como se llega al presente y de lo poco que sabemos sobre el futuro, sobre el porvenir, sobre lo que está allá adelante.
Soy la deprimente frustración de Agus al recordar los pasados. No, esos "pisados" no. Los pasados existentes, los tangibles: Esos que se dejan ver todo el día, esos que aparecen como fantasmas en el espejo del baño a la mañana o en el agua de la ducha a la noche. Aquellos despiadados pasados que no dejan dormir y secuestran entre las sábanas y el húmedo calor de verano los pensamientos del nefasto presente que se rehúsa a ser futuro.
Soy la apaleada sed de venganzas no correspondidas de Agus, todas aquellas que no deberían ocurrir pero que aun esperamos el día que podamos ser realizadas. Aquel día en el que salgamos triunfantes en esos momentos mentirosos e hipócritas donde con retorcer un poco la realidad con estructuras complicadas y linda gramática alcanzará para justificarnos y resultar un poco más creíbles y no tan idealizadas en lo profundo de una reflexión mirando una ventana de colectivo un día de lluvia.
Soy el solitario orgullo de Agus, que se sienta a mirar películas por la noche para luego plagiar un poco sus guiones en algún necio blog que cualquiera puede leer. Solitario por sobre muchas cosas, abandonado a veces (Con suerte).
Soy, quizá, como dice Julio el domador de polillas.
Soy todo lo que soy, soy cada sentimiento: Cada pequeña y vergonzosa gota de humanidad explayada en lo sentimental y pasional del ser. Soy cada libro que tengo, soy cada película que veo.
Soy yo, y no puedo ni (la mayoría de las veces) quiero ser nadie más.
Espero caerles bien. O no. Realmente a fin de cuentas, en algunos casos, poco me interesa.

domingo, 11 de marzo de 2012

Inconsistentes, Incapaces e Hipócritas

Como algunos ya habrán notado, este blog no se actualiza desde agosto de 2011. Esto se debió, principalmente, a que me dediqué a producir un video blog con el mismo nombre que éste en YouTube. Como bien pueden suponer eso fue un total fracaso (Bueno, no total pero digamos que no logró el objetivo que se había propuesto); y hace unos días me agarró la necesidad de volver a escribir algo en esta página irreverente y nefasta que (De alguna manera que jamás lograré comprender) en mi ausencia alcanzó las 5000 visitas.
Por lo pronto calculo que tomará un rumbo un tanto diferente a lo que venía siendo, probablemente suba algunos pensamientos al azar asumidos y comentados por el infame personaje que aquí les escribe.
Y ¿Para qué tenerlos esperando a otro post? Mejor comenzaré con la basura que habita mi mente desde este mismo momento:

Una cosa que vengo notando hace una cantidad de días es que la gente es más malvada y sádica de lo podía imaginar. No puedo evitar caminar por la calle o escuchar anécdotas de conocidos sin pensar que el Marqués de Sade fue probablemente un profeta de la mente humana: Sus textos reflejan, a partir de lo netamente sexual, la perversión y el sadismo con el que los seres humanos encaramos la vida. Les aseguro que jamás dejan de sorprenderme, la sociedad está podrida desde lo más profundo; tanto, que la mayoría de las personas son incapaces de asumir y reconocer su propia perversión.
Y quizá no sea algo tan simple de ejemplificar, ya que buscar alguna regularidad en el caótico orden en el que creemos existir es probablemente de las cosas más difíciles que podemos intentar hacer (Mis respetos a los eruditos de la sociología).
La gente es de lo peor a veces, muy adentro de cada una tienen el odio, el egoísmo, la hipocresía y el narcisismo aflorando como un jardín en primavera. Y en muchas ocasiones, en un vano y desagradable intento por ocultarlo, terminan convirtiéndose en los portaestandartes de un ejército que intenta combatir a sus propios impulsos.
Creo que el mundo sería un lugar mucho mejor si en lugar de intentar negar sentimientos que existen en nosotros, tratáramos de aceptarlos para luego trabajar (o no) sobre ellos. Y digo "O no" porque no faltará ese individuo que al descubrirse a si mismo, al satisfacer su sádica pasión encuentra mucho más placer y goce que aquel que pretenda reducirse a la simple imitación de un orden social preestablecido por gente más perversa e hipócrita que lo que ninguno de nosotros pueda llegar a imaginar jamás.
Pero no estoy generalizando, existen también las buenas personas. Son las menos (Muy menos), pero que bueno que estén allí: Personas incorruptibles, incapaces de cualquier mal intencional. Resulta provechoso que estén ahí por dos motivos: a) Hacer un poco de combate a la constante incidencia sádica de la mayoría de la gente y b) Para satisfacer a aquellos que disfrutan del simple hecho de sacar provecho de estas personas.
El primer motivo suena muy moralista y todo, pero no puedo evitar pensar que el segundo es más sensato y realista.
Particularmente no me considero alguien que disfrute pasar por arriba a la buena gente, de hecho los admiro. Me fascina que existan personas que puedan tener ese nivel de sinceridad y solidaridad del cual yo soy claramente incapaz. Pero reconozcamos, queridos lectores, que garcas hay en todos lados, y de seguro que en el fondo agradecen la existencia de gente suficientemente inocente como para depositar su ciega confianza en ellos facilitándoles el trabajo.

martes, 2 de agosto de 2011

Pequeño Análisis Sobre el Nivel General de Cultura en el Promedio de la Población Argentina

El otro día me paseaba por no recuerdo que tren, escuchando un hermosísimo disco de Charlie Parker con un cuarteto de cuerdas cuando un artículo en el diario que llevaba la persona que se encontraba inmediatamente a mi derecha llamó particularmente mi atención.

Hace poco, se estrenó la nueva película de Woody Allen, Midnight in Paris. A mi criterio, una de sus mejores películas. Resulta que a días de haberse estrenado, corrí al cine para poder verla, como era de esperarse de este genial director, la obra resulto impecable. Sin embargo, un detalle cautivó mi atención particularmente: Resultaba que era el único en reírse de algunos chistes, y tenía la extraña sensación de ser el único en la sala que entendía la película en cuestión.

A grandes rasgos, la película trata sobre un joven escritor de guiones de películas pedorras de Hollywood, que se percata de lo hermosa que es París y comienza a tener la idea de abandonar su vida superficial y adinerada para poder vivir en esta ciudad y dedicarse plenamente a la escritura de novelas. Al comienzo de la película el personaje hace mención de su fascinación por la década del 20 y la cantidad (y calidad) de artistas que vivieron en ella. Por cuestiones mágicas el personaje aparece en esta época y se comienza a relacionar con los artistas y personalidades de ella.

Y ahí es donde la película abandona sus características de típica-mierda-yanqui y transforma la trama en un brillante popurrí de chistes intelectuales.

Volviendo al diario del tren: El artículo que había cautivado mi atención trataba, precisamente, de esta película. Constaba de un breve análisis de la trama y luego advertía al lector la prescencia de numerosas personalidades características del período artístico de 1920. Y ahí me cerró todo.

Nadie logro entender la mitad de la película debido a que no tenían idea de quienes eran Cole Porter, Zelda Fitzgerald o Luis Buñuel por ejemplo (y espero que nadie que esté leyendo ésto se vea en necesidad de entrar a esos links).

El artículo proveía al lector de una práctica listita explicando quienes fueron Salvador Dalí, Pablo Piccaso, Hernest Hemingway, Scott Fitzgerald y muchos más, con foto y todo.

Me costó creerlo. ¿Realmente estamos tan mal? ¿Sabemos de memoria la vida de los idiotas que bailan en Tinelli pero no tenemos ni idea de quien es ese señor con barba que padeció de poliomielitis en su niñez?

Triste, realmente triste. Y enoja salir de la sala y escuchar a lo lejos comentarios del orden de "Medio aburrida la peli ¿No, gor? Dale, vamos para casa que empieza "Bailando".