sábado, 17 de marzo de 2012

Somos lo que seremos, o algo así

"-Pero si está tan bien. ¿Para qué nos vamos a engañar? No se puede vivir cerca de un titiritero de sombras, de un domador de polillas. No se puede aceptar a un tipo que pasa el día dibujando con los anillos tornasolados que hace el petróleo en el agua del Sena. Yo, con mis candados y mis llaves de aire, yo, que escribo con humo. Te ahorro la réplica porque la veo venir: No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo, en las palabras o en el amor o en la amistad. Ya va siendo tiempo de que me dejen solo, solito y solo. Admitirás que no me ando colgando de los levitones. Rajá, hijo de Bosnia. La próxima vez que me encontrés en la calle no me conozcas."
J.C.

Soy el insomnio de Agus que lo lleva a escribir cosas que suenan profundas, pero en el fondo se reducen al más simple y reflexivo de los pensamientos. En lo solitario y oscuro de una noche de Marzo, que anuncia un despertar tardío y desinteresado que conllevará como fin el solo volver a acostarse ante la falta de algo mejor que hacer.
Soy el despreciado nombre completo de Agustín, que prefiere que lo llamen Agus por motivos inherentes a la naturaleza del discurso cotidiano que casi siempre indica, al usar el nombre completo precisamente, que suelo estar en algún problema importante. Sin mencionar la falta de dulzura y ese toque amistoso, familiar incluso, que tienen los diminutivos (y mejor ni hablar de los apodos).
Soy todos los apodos que alguna vez le pusieron a Agus; soy legión, porque somos muchos. Bah, no realmente. Pero entre los que somos nos entendemos, es fácil ¿Saben? Por lo general solíamos expresar lo mismo, algunos un poco más desdeñosos que otros pero al fin y al cabo, evadían el enojo que conlleva el nombre completo, por lo tanto nos solemos entender. Cada tanto hablamos del pasado, de como se llega al presente y de lo poco que sabemos sobre el futuro, sobre el porvenir, sobre lo que está allá adelante.
Soy la deprimente frustración de Agus al recordar los pasados. No, esos "pisados" no. Los pasados existentes, los tangibles: Esos que se dejan ver todo el día, esos que aparecen como fantasmas en el espejo del baño a la mañana o en el agua de la ducha a la noche. Aquellos despiadados pasados que no dejan dormir y secuestran entre las sábanas y el húmedo calor de verano los pensamientos del nefasto presente que se rehúsa a ser futuro.
Soy la apaleada sed de venganzas no correspondidas de Agus, todas aquellas que no deberían ocurrir pero que aun esperamos el día que podamos ser realizadas. Aquel día en el que salgamos triunfantes en esos momentos mentirosos e hipócritas donde con retorcer un poco la realidad con estructuras complicadas y linda gramática alcanzará para justificarnos y resultar un poco más creíbles y no tan idealizadas en lo profundo de una reflexión mirando una ventana de colectivo un día de lluvia.
Soy el solitario orgullo de Agus, que se sienta a mirar películas por la noche para luego plagiar un poco sus guiones en algún necio blog que cualquiera puede leer. Solitario por sobre muchas cosas, abandonado a veces (Con suerte).
Soy, quizá, como dice Julio el domador de polillas.
Soy todo lo que soy, soy cada sentimiento: Cada pequeña y vergonzosa gota de humanidad explayada en lo sentimental y pasional del ser. Soy cada libro que tengo, soy cada película que veo.
Soy yo, y no puedo ni (la mayoría de las veces) quiero ser nadie más.
Espero caerles bien. O no. Realmente a fin de cuentas, en algunos casos, poco me interesa.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sinceramente, una escritura impecable. Un relato muy real de los pensamientos que nos surgen en forma cotidiana

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